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Contexto histórico

La Galilea de Jesús

Aldeas, redes y ciudades nuevas

Tierra de aldeas, cultivos y barcas de pesca, gobernada por Herodes Antipas. Fue entre Nazaret y Capernaúm, junto al lago, donde Jesús pasó casi toda su vida.

Una tierra pequeña y fértil

Galilea era pequeña: unos 60 kilómetros de norte a sur y unos 40 de este a oeste, entre el Mediterráneo y el lago que los Evangelios llaman mar de Galilea. El lago mide aproximadamente 21 por 13 kilómetros y está a más de 200 metros bajo el nivel del mar, rodeado de colinas que lo hacen caluroso y propenso a vientos repentinos. Josefo, que comandó la región al comienzo de la guerra contra Roma, elogia su fertilidad y dice que había allí 204 ciudades y aldeas; también afirma que la aldea más pequeña tenía más de 15.000 habitantes, una exageración evidente. La arqueología muestra que, en el siglo I, la población de las aldeas era mayoritariamente judía: vasijas de piedra ligadas a la pureza ritual, baños rituales y la casi ausencia de huesos de cerdo. Políticamente, Galilea pertenecía a Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, que la gobernó como tetrarca del 4 a. C. al 39 d. C.

Nazaret, una aldea de piedra y cuevas

Nazaret no aparece en el Antiguo Testamento, en Josefo ni en la Misná. Era una aldea pequeña en una ladera, probablemente con unos cientos de habitantes; las estimaciones van de menos de doscientos a más de mil, y muchos arqueólogos se inclinan por la franja baja. Las casas aprovechaban cuevas de la roca caliza, con habitaciones sencillas al frente, cisternas, silos y prensas de aceite y de uva. En 2009, la arqueóloga Yardenna Alexandre anunció los restos de una casa del siglo I cerca de la Basílica de la Anunciación. No sorprende la pregunta de Natanael sobre si algo bueno podía salir de Nazaret. A Jesús lo llaman tekton, palabra griega traducida como carpintero, pero que abarca al constructor que trabajaba madera y piedra. A unos 6 kilómetros estaba Séforis, en plena reconstrucción; muchos suponen que José y Jesús trabajaron allí, pero los Evangelios no lo dicen.

Séforis y Tiberíades, las ciudades de Antipas

Cuando Herodes el Grande murió en el 4 a. C., unos rebeldes tomaron el arsenal de Séforis. El legado romano de Siria, Varo, respondió incendiando la ciudad y vendiendo a sus habitantes como esclavos. Antipas la reconstruyó y la convirtió, en palabras de Josefo, en el ornamento de toda Galilea. Hacia el año 19 o 20 d. C. fundó una segunda capital a orillas del lago, Tiberíades, en honor del emperador Tiberio. Había un problema: la ciudad se levantó sobre tumbas, y los judíos fieles a la Ley evitaban vivir en terreno impuro; Josefo cuenta que Antipas la pobló en parte por la fuerza y en parte ofreciendo casas y tierras. Ambas ciudades eran vitrinas del poder herodiano y del estilo grecorromano, y concentraban impuestos y comercio. Curiosamente, los Evangelios nunca muestran a Jesús entrando en ninguna de ellas. Él recorre las aldeas y el lago, y llama zorra a Antipas.

Capernaúm, la casa base

Después de dejar Nazaret, Jesús hizo de Capernaúm su base. Era un pueblo de pescadores y agricultores en la orilla norte del lago, cerca de la frontera con el territorio de Felipe, lo que ayuda a explicar la oficina de impuestos donde trabajaba Leví. Su población quizá iba de unos cientos a poco más de mil personas. Las casas eran de basalto negro, la piedra local, agrupadas en torno a patios compartidos por familias emparentadas; los techos, de vigas, ramas y barro, podían abrirse, como en la sanación del paralítico. Excavaciones franciscanas iniciadas en 1968 hallaron, bajo una iglesia octogonal bizantina, una casa del siglo I que los cristianos veneraban desde muy temprano, identificada por la tradición como la casa de Pedro. La imponente sinagoga de piedra caliza blanca que hoy ve el visitante es de los siglos IV o V, pero descansa sobre cimientos de basalto que podrían ser de la sinagoga de tiempos de Jesús, algo todavía debatido.

Redes, barcas y pescado salado

El lago sostenía toda una economía. Se pescaba con la atarraya, lanzada a mano desde la orilla o la barca, como Simón y Andrés; con la red de arrastre, jalada por varias personas hasta la playa, como en la parábola; y muchas veces de noche. La pesca no era oficio de miserables: Zebedeo tenía barca y jornaleros, y los pescadores trabajaban en sociedad, con licencias y tasas controladas por el poder herodiano. Parte del pescado se salaba y se vendía lejos; Magdala, tierra de María Magdalena, suele identificarse con la Tariquea de Josefo, nombre griego ligado al pescado salado. En 1986, durante una sequía que bajó el nivel del lago, los hermanos Moshe y Yuval Lufan hallaron cerca de Ginosar el casco de una barca de unos 8 metros por 2,3, fechada entre el siglo I a. C. y el siglo I d. C. No es la barca de Jesús, pero es el tipo de barca en que navegaban los discípulos.

Una economía de aldeas bajo presión

La mayoría de los galileos vivía de la tierra: trigo y cebada, olivos, viñas, higos, lentejas, algunas cabras y ovejas. Sobre la cosecha pesaban los tributos de Antipas, que a su vez pagaba a Roma, además de los diezmos y ofrendas del Templo. Un mal año podía significar deuda; la deuda, perder la tierra y volverse arrendatario o jornalero. Los estudiosos discuten cuánto apretó a los campesinos la fundación de Séforis y Tiberíades: algunos ven una crisis social aguda, otros un cuadro más estable, con cierto crecimiento. Las parábolas de Jesús muestran ese mundo desde dentro: el sembrador en suelo pedregoso, el patrón que contrata jornaleros en la plaza, el propietario ausente que arrienda la viña, el deudor que no puede pagar, la mujer que barre la casa buscando una moneda. Él no habla desde afuera; usa la vida que sus oyentes conocían para hablar del Reino de Dios.

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